Siempre hay un antes y un después. Los italianos siempre suelen referirse al pasado con nostalgia. No es raro escucharlos repetir frases trilladas y a veces no totalmente convencidos, de que se estaba mejor cuando se estaba peor. Las catástrofes marcan las vidas mucho más que los momentos de euforia. Una colega guatemalteca divide su vida en antes y después del terremoto devastador del 76 en donde murió casi un 10 por ciento de la población. Una amiga chilena recuerda la hora y la fecha en la que vio desde la ventanilla del avión como se alejaban los picos nevados de los Andes majestuosos sin saber a ciencia cierta porque dejaban lo conocido por una vida en un lugar lejos de todos los cariños. Muchos amigos y colegas americanos empapados en política y esperanza comienzan a referirse del antes y el después de Bush.
Mi vida sin querer también se parte en dos, en el antes y después de un día como hoy, más de dos décadas atrás. Por eso es casi inevitable pensar en la infinidad de posibilidades, el sin número de futuros que nos esperaban si las placas tectónicas no se hubieran movido, si la polarización política de un país no lo hubiera dividido en dos y si la elección de un pueblo temeroso no se hubiera traducido en 4 años más de ignorancia y codicia global.
El ejercicio es casi inútil y se me pierde la imaginación en los infinitos escenarios de una vida posible en donde ese momento de ruptura no hubiera existido. Rebasada la fase de la proyección me hundo en la fase de la reconstrucción. Supuestamente hay un nivel de la conciencia en la que los recuerdos fluyen a la memoria con una nitidez casi de infarto. Practiqué por un período las técnicas que me pudieran regresar como en una cápsula de tiempo al momento antes de la ruptura, pensando que eso haría del antes y del después algo más llevadero. Cuando el río empezó a fluir temí ser avasallada por su caudal. Descubrí el por qué de nuestras memorias selectivas y decidí cerrar la caja de Pandora hasta nuevo aviso.
Después de 21 años opto por emular. Rendir homenaje a ese momento y al significado que tuvo en mi vida a través de la replicación, ya no inconciente ni hereditaria, sino conciente y con un propósito recrear la esencia de ella que nunca logrará evaporarse en el tiempo.
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4 commenti:
OH. Sin palabras. Realmente hermoso. Besos para ti muchos besos.
hay un antes que nos marca, hay un después que nos obliga.
Creamos estrategias que nos ayudan a sobrevivir, entonces olvidamos o hacemos como si hubieramos olvidado.
Un día esa caja de la que hablas se abre sola y todo lo que guardabamos dentro se sale y se sienta a conversarnos sobre lo que no queríamos admitir.
Hay un antes y un después en cada cosa que hacemos, hay muertes y nostalgias y hay porques que ya no sabemos si lo son.
Me movieron tus palabras desde la raíz ... todavía tiemblo.
por aqui, con mi abrazo...
No puedo más que decirte que estuve a punto de llorar mientras leía, el alma del que se va se pregunta todos los días por ese antes y ese después. Yo, que lo he vivido hace poco, sé que a pesar del corto tiempo no hay posibilidad de regreso, o por lo menos no me lo planteo, ni quiero, pero esa vida posible te acosa y hace sentir que algo se quedó en otra dimensión.
Inventar es un antídoto exquisito contra la nostalgia ¿Por qué no inventar?
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